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Lectura de arrugas

La lectura de las arrugas forma parte de morfopsicología, que algunos describen como una pseudociencia.

Heredera de la fisiognomía (estudio del carácter a través del aspecto físico del individuo), la morfopsicología estudia las supuestas correlaciones entre las características morfológicas de la cara de una persona y su perfil psicológico.

Así pues, las arrugas son entendidas como marcas de las experiencias intensas que una persona ha vivido.

“Son señales de la historia de una persona que están escritas en la superficie facial. Las emociones son muchas veces las responsables de dibujar esas arrugas en nuestro rostro”, le dice a BBC Mundo María de los Ángeles Muñoz, especialista en comunicación no verbal y lectura del rostro.

Para Muñoz, los movimientos faciales se basan en una conexión directa que el rostro tiene con el cerebro.

“Esto hace que el rostro sea una vía de acceso muy valiosa a lo que es el conocimiento, a la interioridad de la persona. Nos habla del carácter, sus posibles conductas, su temperamento, o sus emociones”, asegura Muñoz.

Rose Rosetree, popular lectora del rostro en Estados Unidos y autora de varios libros sobre el tema, presta especial atención a cómo una cara evoluciona con el tiempo. En otras palabras, a “cómo se desarrolla el carácter”.

Esta práctica, sin embargo, cuenta con detractores.

“Creer que las características del rostro tienen que ver con el carácter es lo mismo que creer que la altura, el color del pelo o de los ojos pueden dar pistas sobre nuestra personalidad”, opina Luis Alfonso Gámez, Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), organización científica dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para “ponerle cara al asunto”, las especialistas le explicaron a BBC Mundo ejemplos de esta práctica.

La ira y el enfado, por ejemplo. Rosetree cuenta que las arrugas verticales se relacionan con enojo. Si parten del ojo izquierdo, ese enojo tiene que ver con nuestra vida personal, mientras que si se originan en el derecho, “ese enfado está relacionado a la carrera profesional o la vida pública”.

Sin movernos de la zona de la frente, Muñoz añade que una persona propensa a enojarse, tenderá a desarrollar arrugas en el ceño. “La tristeza, sin embargo, hace que la comisura de nuestros labios se ladee hacia abajo”, dice la experta.

Algunos de los significados son más sorprendentes y menos intuitivos. Muñoz lo explica.

“Los hoyos en las mejillas o el mentón, por ejemplo, son culturalmente considerados como rasgos bellos. Sin embargo, estos hoyitos, según el caso, podrían estar señalando que la persona ha atravesado situaciones realmente difíciles”.

Sobre las arrugas en los ojos, Rosetree cuenta que son relacionadas con la manera en qué una persona afronta los problemas.

Así, las famosas “patas de gallo” indican que esa persona acude a consejos externos, a amigos y familiares, para superar las contrariedades de la vida. Las ojeras, en cambio, indican que esa persona es mucho más introvertida y acude a lo más profundo de uno mismo a la hora de manejar las dificultades.

A pesar de los ejemplos, ambas especialistas coinciden en que el diagnóstico siempre es complejo y debe comprender al rostro en su totalidad, no a un solo rasgo específico.

“La idea no es juzgar a nadie ni catalogar a las personas”, aclara Rosetree.

Gámez se muestra escéptico a estos razonamientos. “Los morfopsicólogos -dice- aciertan cuando ‘leen’ los rostros de gente que conocen; pero no aciertan más que lo esperado por azar cuando no conocen al individuo”.

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