El dólar sigue en baja y se afianza la calma cambiaria: cuáles son las razones

La divisa oficial encadenó cuatro caídas consecutivas y tocó su valor más bajo en casi dos meses. El apretón monetario, la mayor oferta de dólares y el empuje del agro sostienen la estabilidad, aunque las tasas altas y una inflación persistente plantean desafíos hacia adelante.

El dólar oficial volvió a retroceder en la última rueda y acumuló su cuarta baja consecutiva, hasta ubicarse en niveles que no se veían desde hace casi dos meses. La calma cambiaria que atraviesa el mercado local se apoya en una combinación de factores que hoy juegan a favor del Gobierno, aunque no están exentos de riesgos en el mediano plazo.

El principal ancla sigue siendo el endurecimiento monetario. La fuerte escasez de pesos en la plaza, resultado de una política deliberadamente contractiva, empujó las tasas de interés a niveles elevados y enfrió cualquier intento de dolarización abrupta. Con menos liquidez disponible, la demanda de divisas se mantiene contenida y el tipo de cambio encuentra margen para moverse a la baja.

Ese contexto de iliquidez se siente en todo el sistema financiero. Las operaciones de muy corto plazo muestran rendimientos altos, el sector público mantiene una presencia activa en la oferta de dólares y el Tesoro logra renovar casi la totalidad de los vencimientos de deuda en pesos. El mensaje que baja desde la política económica es claro: la prioridad sigue siendo la desaceleración de la inflación y, mientras ese objetivo domine la agenda, el sesgo monetario continuará siendo contractivo. Con ese telón de fondo, el mercado no descuenta, al menos por ahora, un salto brusco del tipo de cambio oficial.

A esta estrategia se suma una señal clave de expectativas. La percepción de que el dólar seguirá estable incentivó el desarme de posiciones en moneda dura y aceleró la liquidación de divisas, especialmente desde el sector agroexportador. En los últimos días, el ingreso de dólares del campo mostró un salto significativo, reforzando la oferta en el mercado oficial y dándole mayor margen de maniobra al Banco Central para comprar reservas sin presionar el precio.

Desde la economía real, el agro vuelve a aportar noticias alentadoras. La liquidación diaria de divisas se aceleró con fuerza respecto de semanas previas y todo indica que el flujo podría sostenerse en el corto plazo. A eso se suman buenas perspectivas productivas para la próxima campaña: la siembra de soja y maíz avanza a buen ritmo, con algunas demoras puntuales por lluvias, mientras que el girasol presenta un estado general entre normal y excelente en la mayor parte del área sembrada.

Otro factor que contribuyó a la calma fue la confirmación de un nuevo superávit fiscal. Por segundo año consecutivo, las cuentas públicas cerraron en terreno positivo, tanto en el resultado primario como en el financiero. Ese orden fiscal funciona como un respaldo clave del esquema macroeconómico actual y refuerza la idea de que el equilibrio de las cuentas públicas llegó para quedarse, al menos como objetivo central de la política económica.

Sin embargo, el escenario no está exento de tensiones. La contracara de la escasez de pesos es una elevada volatilidad en las tasas de interés, que en las últimas semanas mostraron movimientos extremos, especialmente en las operaciones a un día. Esta dinámica encarece el financiamiento, reduce la previsibilidad y enfría la demanda de instrumentos en pesos, incluso en un contexto en el que el Tesoro consigue renovar la mayor parte de sus compromisos.

A eso se suma un frente inflacionario que todavía no termina de ceder. En diciembre, el índice de precios volvió a acelerarse y se ubicó por encima de lo esperado, con un componente núcleo que sigue mostrando una fuerte inercia. La dificultad para perforar el 2% mensual limita la recuperación del salario real y empieza a reabrir el debate sobre un posible atraso cambiario, un factor que hoy está contenido, pero que podría ganar protagonismo más adelante.

Por ahora, el dólar encuentra razones para seguir planchado: menos pesos en circulación, mayor oferta de divisas, un agro activo y disciplina fiscal. El desafío será sostener este delicado equilibrio sin que las tasas terminen asfixiando la actividad ni que la inflación se resista más de la cuenta. La calma cambiaria está, pero exige una atención permanente.

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