Luego de la derrota frente a Venezuela y sin Messi, la Selección volvió a tener una pobre actuación, en un partido en el que el viento fue protagonista. El delantero del Atlético Madrid marcó la diferencia sobre el final, con una jugada individual

Un triunfo, para suavizar las críticas que arreciaron luego de la derrota 3-1 ante Venezuela. Y nada más. Argentina derrotó 1-0 a Marruecos en Tánger y cerró con una sonrisa la última gira antes de la Copa América (en la previa de la competencia, el combinado nacional disputará dos amistosos en nuestro país). Ángel Correa, a ocho minutos del final, maquilló la pobre producción con una jugada individual.

El viento resultó un factor fundamental en el partido. El local, a partir de su buen trato del balón, se hizo cargo de la iniciativa del encuentro, pero las combinaciones sufrieron interrupciones por las dificultades para el dominio del balón. Argentina, con las ráfagas a favor, apostó a recuperar y lastimar en velocidad, con llegada en bloque. A pesar de la falta de precisión, insinuó más cuando presionó alto y no le quedó tanto campo por delante cuando retomó la pelota. Quedó la sensación de que podría haber aprovechado mejor la ventaja.

La acción más peligrosa de los dirigidos por Lionel Scaloni se dio a los 31 minutos, cuando Leandro Paredes ejecutó un tiro libre, desvió Lautaro Martínez y la pelota pasó cerca del arco defendido por Bounou.

El viento elevó el nivel de tensión: se contabilizaron casi 30 faltas en la primera parte y se dieron tres tumultos por entradas a destiempo, que desnudaron la falta de autoridad del árbitro y, también, la impotencia por las complicaciones para generar juego de Argentina.

En la segunda parte fue Argentina el que tuvo el viento en contra. A partir de la pegada de Leandro Paredes y las trepadas de Marcos Acuña, encontró las mejoras vías de acercamiento a la valla rival, pero el partido mantuvo el nivel subterráneo. Ni Dybala, ni De Paul, ni Pereyra (más allá de la dinámica), ni Lautaro Martínez lograron encontrarse ni pisar individualmente. Incómodos con el viento, con poca chispa, fueron los rostros de la ausencia de desequilibrio.

Scaloni apostó a los ingresos de Ángel Correa (una de sus últimas fichas para entrar en la lista de la Copa América) y Matías Suárez para modificar el semblante. También le dio minutos al arquero Juan Musso, para que sintiera el peso del buzo de la Selección.

A ocho minutos del final, Correa dibujó una jugada individual en la puerta del área y, con un remate cruzado, convirtió un impensado 1-0, teniendo en cuenta el desarrollo del encuentro.

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