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Entrevista exclusiva de Milagros Salas de la prisión a su domicilio

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Milagro Sala de regreso a su casa de Cuyaya «No es sólo contra la Túpac, ahora es contra todos»

Hace pocas horas Milagro Sala volvió a su casa en el Barrio Cuyaya. A duras penas puede caminar con un andador. Fueron dos semanas de internación desde el día que intentó ponerse un borceguí, sintió que algo se le rompía por dentro y no soportó el dolor. En la pared a la derecha de su mesita de luz están pegadas, plastificadas, varias páginas con un listado de indicaciones médicas en uno de los pocos huecos que dejan los cuadros coloridos, las fotos, máscaras y artesanías. La mayoría de los ambientes son así: están plagados de obras de arte con impronta latina, pinturas, tapices, imágenes de familia, algunas con Néstor Kirchner, con Cristina, con Hugo Chávez, hay camisetas y símbolos de River Plate, un gran cuadro de Evita, otro de Túpac Amaru y muchos del Che Guevara. Sobre su cabeza hay una foto de cuando era muy pequeña, posando con los pies en el agua de algún río. La señala con orgullo, recostada en su cama. A su lado, su compañero, Raúl Noro, le toma la mano. Bichi, su perro caniche gris, se apoltrona entre ambos y celebra cada visita con ladridos. A ella se la ve triste, pero la voz se le enciende cuando saca sus garras de luchadora al hablar de la pobreza, la persecución a las organizaciones, el gobernador Gerardo Morales, el debate por los planes sociales, el poder judicial jujeño y su detención.

“Para Alberto (Fernández) la Corte Suprema debe resolver mi caso urgente. Le dije que está bien, quiero que revisen hoja por hoja, pero acá en Jujuy tengo más causas. A mí me metió presa la política y la política me tiene que liberar, él ya sabe lo que pienso”, dijo la líder de la Tupac Amaru al hablar con Página/12. Desde su detención, hace casi siete años, cuenta que las organizaciones sociales se multiplicaron. “Estoy feliz de que se organicen, que no se hayan paralizado, pero estoy triste porque se debe al aumento de la pobreza», explica. Por estos días, describe, «Gerardo Morales quiere hacer lo mismo que en 2016: generar miedo, que nadie se anime a levantar la cabeza, como en la época de la dictadura militar, que cuando se llevan a alguien los vecinos digan ‘por algo será’”, advierte al referirse a los 16 allanamientos de esta semana en casas, merenderos, comedores y sedes de diversas organizaciones sociales.
“Soy humana”
De casualidad “Mila”, como le dicen amorosamente todos y todas a su alrededor, tenía un turno para ir a hacerse una tomografía. Cada cita médica es una odisea, una autorización judicial que se hace esperar en su situación de prisión domiciliaria. Con los síntomas de dolor que tenía le sumaron más estudios, y los médicos bramaron que a nadie se le ocurriera moverla de ahí, de la clínica. “Trombosis venosa profunda”, le explicaron que era el diagnóstico, y que por eso tenía la pierna tan hinchada y no podía caminar. Le dieron el alta con estrictos controles por los próximos quince días. Al llegar de vuelta a su casa la recibió un cartel: “Bienvenida flaquita!!! Hermosa. Te amamos”.

Por la ventana de su dormitorio entra una brisa cálida. Es el viento norte, comenta. La tiene preocupada. Dicen quienes la acompañan que es malo para la presión, que trae alergias y otros malestares. El dormitorio es amplio y se llena de familiares, compañeras/as de militancia, nietos que quieren abrazarla.

La conversación con Página/12 empieza con lágrimas, nomás preguntarle “cómo está”. “Es porque no pude liberar a todos mis compañeras y compañeros”, explica en alusión a Patricia Cabana, Javier Nieva, Iván Altamirano y Miguel Silva, que todavía tienen prisión domiciliaria. “Tengo miedo de acostarme y no levantarme mañana. De dejar esa gran deuda. No sé que irá a pasar conmigo, pero les prometí a mis hijos que voy a poner todo para salir adelante. Tengo dos coágulos, el tratamiento va a ser largo», explica.

Milagro Sala dice que si tuviera que presentarse ahora ante alguien que no la conoce, preferiría empezar por su lado «humano», así lo llama. “Todo el mundo me conoce en la calle peleando, luchando, pero ahora quiero que me conozcan como humana. Tengo familia, marido, nieto y tengo sensibilidad ante muchas cosas: cuando un niño no come, cuando no hay trabajo, cuando no hay justicia, cuando atropellan a mis propios compañeros. Pero también por el amor que le tengo a mi marido –subraya–, hace 20 años estamos juntos, sobrellevamos muchas cosas. Por ver crecer a mis nietos, hasta los siete u ocho años, ir a esperarlos a la escuela, aunque me arrebataron eso cuando me metieron presa. Como sea, la sensibilidad viene junto con la lucha, si no, no hubiera existido la resistencia”.

Visita presidencial

-¿Esperaba la visita de Alberto Fernández?

-Me tomó por sorpresa, no pensé que iba a venir. Mi hija (Claudia) me avisó que había pedido permiso para visitarme, le dije que no había problema. Ella también quería que viniera. Él tiene conocimiento de que mi marido está enfermo, que mi hijo tiene problemas de adicción, a veces los domingos llama a casa para ver cómo estamos. No lo digo de chupamedias, y aunque nuestra situación no se resuelva. Digo lo que siento: una cosa es que te llamen y otra que te vengan a ver. Además, me pareció bueno para que vean que lo que me está pasando es verdad. Quizá a Buenos Aires llega todo al revés. El fiscal de Estado, Mariano Miranda, que aspira a un cargo en el superior tribunal, había dicho que mi enfermedad era un invento para no ir a una citación judicial. Tenía una pericia con psicólogos por la reducción de mi condena. ¿Vos te creés que voy a ser tan estúpida de no ir a una pericia para una reducción de condena? Estaba mal. ¿Por qué no vino al sanatorio a pedir informes? Quiero que Miranda se retracte.

–¿De qué hablaron con el Presidente?

–Sobre la situación de Jujuy. Le dije que si bien los jujeños en votos no significamos nada, en recursos sí. Hay minerales, litio, ahora marihuana, tres empresas de azúcar. Por ende, no haría falta endeudarse tanto como nos estamos endeudando. Sería bueno que la provincia rinda cuentas, que la fiscalicen. No digo que le saquen recursos. Pero, ¿qué hizo Morales con el préstamo internacional para el ferrocarril? Eso no lo va a pagar él. El hierro de las vías está oxidado. Dijo que con el litio construiría escuelas. Mentira, estamos endeudados. Es una de las provincias que más ATN recibió. ¿Por qué no empezamos a ver los recursos que maneja Jujuy y la economía que maneja Morales? Estados Unidos tiene inversiones en litio y marihuana en Jujuy, y se lleva nuestros recursos (esto alude también a que en los procesos de endeudamiento las provincias ponen como garantía los recursos naturales).

-¿Qué conversaron sobre la situación política y económica a nivel nacional?

-Yo estaba con muchos calmantes y hablamos poco. Le pedí por favor que atendiera a los médicos y enfermeros que estaban haciendo una marcha en la puerta del sanatorio. Pedían que les paguen lo que les habían dado a nivel nacional. Acá el 95 por ciento de los sindicatos está con contravenciones (son procesos que se judicializan y derivan en multas millonarias, arresto y/o trabajo comunitario, que se aplican a todas las organizaciones sociales como modo de persecución a la protesta). Es el arma que usan para que tengamos miedo. Hay muchos compañeros que tomaron consciencia de que no es una cuestión que no es sólo contra la Túpac. Ahora es contra todos. Se cumplió lo que dijo Cristina: no vienen por mí, vienen por todos. Morales quiere hacer lo mismo que en 2016. Dice: «este es chorro, este también». Busca generar miedo, que nadie se anime a levantar la cabeza como en la época de la dictadura militar, quiere que cuando se llevan a algún vecino diga, “por algo será”. Pero la sociedad quiere comer, quiere trabajo, salir aunque sea a comerse un helado. Lo hace la clase media alta. ¿No lo pueden hacer todos? ¿Por qué no detienen a Pablo Baca que tiene denuncias por violación? ¿O a Sergio Lello Sánchez (jefe de los fiscales), que tiene denuncias por violencia de género y maltrato laboral? (N de la R: Baca es el exjuez supremo jujeño que tuvo que renunciar después que se conoció una grabación donde decía que Sala está presa por ser un problema para el gobierno de Morales; Lello Sánchez encabeza el Ministerio Público de la Acusación creado por el gobernador, a quien responde).

Hace pocas horas Milagro Sala volvió a su casa en el Barrio Cuyaya. A duras penas puede caminar con un andador. Fueron dos semanas de internación desde el día que intentó ponerse un borceguí, sintió que algo se le rompía por dentro y no soportó el dolor. En la pared a la derecha de su mesita de luz están pegadas, plastificadas, varias páginas con un listado de indicaciones médicas en uno de los pocos huecos que dejan los cuadros coloridos, las fotos, máscaras y artesanías. La mayoría de los ambientes son así: están plagados de obras de arte con impronta latina, pinturas, tapices, imágenes de familia, algunas con Néstor Kirchner, con Cristina, con Hugo Chávez, hay camisetas y símbolos de River Plate, un gran cuadro de Evita, otro de Túpac Amaru y muchos del Che Guevara. Sobre su cabeza hay una foto de cuando era muy pequeña, posando con los pies en el agua de algún río. La señala con orgullo, recostada en su cama. A su lado, su compañero, Raúl Noro, le toma la mano. Bichi, su perro caniche gris, se apoltrona entre ambos y celebra cada visita con ladridos. A ella se la ve triste, pero la voz se le enciende cuando saca sus garras de luchadora al hablar de la pobreza, la persecución a las organizaciones, el gobernador Gerardo Morales, el debate por los planes sociales, el poder judicial jujeño y su detención.

“Para Alberto (Fernández) la Corte Suprema debe resolver mi caso urgente. Le dije que está bien, quiero que revisen hoja por hoja, pero acá en Jujuy tengo más causas. A mí me metió presa la política y la política me tiene que liberar, él ya sabe lo que pienso”, dijo la líder de la Tupac Amaru al hablar con Página/12. Desde su detención, hace casi siete años, cuenta que las organizaciones sociales se multiplicaron. “Estoy feliz de que se organicen, que no se hayan paralizado, pero estoy triste porque se debe al aumento de la pobreza», explica. Por estos días, describe, «Gerardo Morales quiere hacer lo mismo que en 2016: generar miedo, que nadie se anime a levantar la cabeza, como en la época de la dictadura militar, que cuando se llevan a alguien los vecinos digan ‘por algo será’”, advierte al referirse a los 16 allanamientos de esta semana en casas, merenderos, comedores y sedes de diversas organizaciones sociales.

“Soy humana”
De casualidad “Mila”, como le dicen amorosamente todos y todas a su alrededor, tenía un turno para ir a hacerse una tomografía. Cada cita médica es una odisea, una autorización judicial que se hace esperar en su situación de prisión domiciliaria. Con los síntomas de dolor que tenía le sumaron más estudios, y los médicos bramaron que a nadie se le ocurriera moverla de ahí, de la clínica. “Trombosis venosa profunda”, le explicaron que era el diagnóstico, y que por eso tenía la pierna tan hinchada y no podía caminar. Le dieron el alta con estrictos controles por los próximos quince días. Al llegar de vuelta a su casa la recibió un cartel: “Bienvenida flaquita!!! Hermosa. Te amamos”.

Por la ventana de su dormitorio entra una brisa cálida. Es el viento norte, comenta. La tiene preocupada. Dicen quienes la acompañan que es malo para la presión, que trae alergias y otros malestares. El dormitorio es amplio y se llena de familiares, compañeras/as de militancia, nietos que quieren abrazarla.

La conversación con Página/12 empieza con lágrimas, nomás preguntarle “cómo está”. “Es porque no pude liberar a todos mis compañeras y compañeros”, explica en alusión a Patricia Cabana, Javier Nieva, Iván Altamirano y Miguel Silva, que todavía tienen prisión domiciliaria. “Tengo miedo de acostarme y no levantarme mañana. De dejar esa gran deuda. No sé que irá a pasar conmigo, pero les prometí a mis hijos que voy a poner todo para salir adelante. Tengo dos coágulos, el tratamiento va a ser largo», explica.

Milagro Sala dice que si tuviera que presentarse ahora ante alguien que no la conoce, preferiría empezar por su lado «humano», así lo llama. “Todo el mundo me conoce en la calle peleando, luchando, pero ahora quiero que me conozcan como humana. Tengo familia, marido, nieto y tengo sensibilidad ante muchas cosas: cuando un niño no come, cuando no hay trabajo, cuando no hay justicia, cuando atropellan a mis propios compañeros. Pero también por el amor que le tengo a mi marido –subraya–, hace 20 años estamos juntos, sobrellevamos muchas cosas. Por ver crecer a mis nietos, hasta los siete u ocho años, ir a esperarlos a la escuela, aunque me arrebataron eso cuando me metieron presa. Como sea, la sensibilidad viene junto con la lucha, si no, no hubiera existido la resistencia”.

Visita presidencial
-¿Esperaba la visita de Alberto Fernández?

-Me tomó por sorpresa, no pensé que iba a venir. Mi hija (Claudia) me avisó que había pedido permiso para visitarme, le dije que no había problema. Ella también quería que viniera. Él tiene conocimiento de que mi marido está enfermo, que mi hijo tiene problemas de adicción, a veces los domingos llama a casa para ver cómo estamos. No lo digo de chupamedias, y aunque nuestra situación no se resuelva. Digo lo que siento: una cosa es que te llamen y otra que te vengan a ver. Además, me pareció bueno para que vean que lo que me está pasando es verdad. Quizá a Buenos Aires llega todo al revés. El fiscal de Estado, Mariano Miranda, que aspira a un cargo en el superior tribunal, había dicho que mi enfermedad era un invento para no ir a una citación judicial. Tenía una pericia con psicólogos por la reducción de mi condena. ¿Vos te creés que voy a ser tan estúpida de no ir a una pericia para una reducción de condena? Estaba mal. ¿Por qué no vino al sanatorio a pedir informes? Quiero que Miranda se retracte.

-¿De qué hablaron con el Presidente?

-Sobre la situación de Jujuy. Le dije que si bien los jujeños en votos no significamos nada, en recursos sí. Hay minerales, litio, ahora marihuana, tres empresas de azúcar. Por ende, no haría falta endeudarse tanto como nos estamos endeudando. Sería bueno que la provincia rinda cuentas, que la fiscalicen. No digo que le saquen recursos. Pero, ¿qué hizo Morales con el préstamo internacional para el ferrocarril? Eso no lo va a pagar él. El hierro de las vías está oxidado. Dijo que con el litio construiría escuelas. Mentira, estamos endeudados. Es una de las provincias que más ATN recibió. ¿Por qué no empezamos a ver los recursos que maneja Jujuy y la economía que maneja Morales? Estados Unidos tiene inversiones en litio y marihuana en Jujuy, y se lleva nuestros recursos (esto alude también a que en los procesos de endeudamiento las provincias ponen como garantía los recursos naturales).

-¿Qué conversaron sobre la situación política y económica a nivel nacional?

-Yo estaba con muchos calmantes y hablamos poco. Le pedí por favor que atendiera a los médicos y enfermeros que estaban haciendo una marcha en la puerta del sanatorio. Pedían que les paguen lo que les habían dado a nivel nacional. Acá el 95 por ciento de los sindicatos está con contravenciones (son procesos que se judicializan y derivan en multas millonarias, arresto y/o trabajo comunitario, que se aplican a todas las organizaciones sociales como modo de persecución a la protesta). Es el arma que usan para que tengamos miedo. Hay muchos compañeros que tomaron consciencia de que no es una cuestión que no es sólo contra la Túpac. Ahora es contra todos. Se cumplió lo que dijo Cristina: no vienen por mí, vienen por todos. Morales quiere hacer lo mismo que en 2016. Dice: «este es chorro, este también». Busca generar miedo, que nadie se anime a levantar la cabeza como en la época de la dictadura militar, quiere que cuando se llevan a algún vecino diga, “por algo será”. Pero la sociedad quiere comer, quiere trabajo, salir aunque sea a comerse un helado. Lo hace la clase media alta. ¿No lo pueden hacer todos? ¿Por qué no detienen a Pablo Baca que tiene denuncias por violación? ¿O a Sergio Lello Sánchez (jefe de los fiscales), que tiene denuncias por violencia de género y maltrato laboral? (N de la R: Baca es el exjuez supremo jujeño que tuvo que renunciar después que se conoció una grabación donde decía que Sala está presa por ser un problema para el gobierno de Morales; Lello Sánchez encabeza el Ministerio Público de la Acusación creado por el gobernador, a quien responde).

La justicia de Gerardo Morales
Entre mate y mate, Milagro se explaya sobre Lello Sánchez, uno de los exponentes de la persecución en su contra. «Ya ofrecí que me hagan una rinoscopía a mí y otra a él a ver qué pasa. Aquí el que delinque y es violento se lleva el mundo por delante. Los que construimos somos chorros y narcos. El narco creció porque el ministro de seguridad (Luis Martín) tiene aliados en la droga. Antes no era lo que es hoy. No te imaginás la cantidad de niños y jóvenes que consumen drogas», se lamenta. De pronto se pone a repasar nombres de otros integrantes del Poder Judicial que alimentaron causas en su contra: la jueza (Laura) Lamas, una de las que la condenó a 13 años; el juez Pablo Pullen Llermanos, entre otros. De la primera recuerda junto con su compañero que el día que él, en medio del juicio «pibes villeros» se sintió mal y faltó a la audiencia, lo levantó en peso. Le diagnosticaron cáncer. Al hablar, Sala da por hecho que es historia conocida la falta de independencia de los tribunales jujeños y, con el humor ácido que la caracteriza, dice que a algunos «no les sirvió ser alcahuetes» porque de acuerdo a su alianza con el peronismo local, Morales va sacando y poniendo jueces/zas, como en la corte local.

-¿Qué dijo Fernández sobre su situación judicial y sus posibilidades de intervenir?

-Para él, la Corte Suprema debe resolver mi caso urgente. Le dije que está bien, quiero que revisen hoja por hoja, pero no es sólo la Corte, acá en Jujuy tengo más causas. Ahora me quieren llevar a juicio en cinco causas. Por esas causas va a haber entre 30 y 35 presos políticos más, entre ellos pueden estar presos mis hijos y mi marido. En el caso «pibes villeros» (el que tienen los supremos) teníamos 120 testigos y nos dejaron poner a nueve. Los amenazaron. Cuando se sentaron a declarar no se acordaban nada. A mí no me dejaron defenderme. Por eso quiero que lo revisen, y quiero un pedido de disculpa pública para mi marido, que no faltó a una audiencia por un resfrío.

-¿Hablaron de indulto u otras herramientas?

-Entiendo que en las causas provinciales el presidente no puede indultar. Como sea, la política me metió presa y la política es la que me tiene que liberar. Que no digan que no hay manera de poder liberar a los presos políticos. Alberto ya sabe lo que pienso. Habría una figura mixta, excepcional, de amnistía, que se podría aplicar. Pero nosotros planteamos todos, hasta que le saquen recursos a Morales. Pero siempre hay un justificativo para demorar. Entretienen con discusiones: si somos presos políticos o detenidos arbitrariamente, y pasa el tiempo. A mí se me está yendo la vida. No queremos que nos posterguen más. Yo no robé, ¿por qué me siguen molestando? ¿Por qué nadie le para la mano a Morales?

-¿Usted que cree?

-Que los acuerdos políticos son más fuertes que defendernos a nosotros. Más fuertes que la libertad. El acuerdo político a nivel nacional es lo que más me preocupa. Al aliarse con Morales lo hacen crecer. Creen que así van a dividir a Juntos por el Cambio, pero eso así no va a ocurrir. Llama la embajada de Estados Unidos y se juntan.

-¿Y cómo cree que impactan las tensiones dentro del gobierno?

-No me pidan que hable de Alberto y Cristina. No voy a hablar mal de ninguno de los dos. Yo hago política desde el corazón.

-La vicepresidenta la mencionó a usted en su último discurso.

-Sí, me emocionó. Dijo que tengo todos los números comprados. Y sí, me los compré. Pero hay generaciones que no se van a olvidar de nuestras obras. Podré ser puteadora, calentona, que quiero que las cosas se hagan, pero siempre las hicimos desde el corazón. Frente a nuestra sede, para dar un ejemplo, hay un secundario. Eso lo hicimos nosotros, sin plata de la Nación, eso no lo cuenta nadie. Lo hicimos con nuestros recursos. Tenemos nuestras fábricas, textil, de caños, construimos viviendas. La pileta del hogar escuela estaba antes, pero los militares la habían tapado para poner una iglesia. La rescatamos porque a los chicos no los dejaban entrar a otras porque decían que tenían hongos y piojos. ¿Sólo los ricos tienen derecho a una pileta?

-¿Cómo le cayó que Morales le deseara recuperarse para seguir presa en una cárcel común?

-Me entró por un oído y me salió por el otro. Vivo sufriendo violencia de género de él. ¿Querés saber cómo veo a Morales? Nunca perteneció a una familia potentada. Madre ama de casa, padre ferroviario. Cuando asumió dijo que iba a sacar a todos los ñoquis. Carmencita, una peronista que trabajaba en la administración de la legislatura le dijo: «Che, Gerardo, qué hablás de ñoquis ¿no te acordás que yo te firmaba la planilla en la Legislatura? No habló más de ñoquis. Quiere representar a la oligarquía jujeña, se multiplicaron los nuevos ricos. Pero él no tiene status, ni si quiera a gorila llega.

Los planes y las organizaciones
-¿Por qué ahora la justicia jujeña persigue a casi todas las organizaciones con el argumento de que manipulan los planes sociales?

-Porque Morales no puede controlar las enormes movilizaciones que hacen, a veces de 15 cuadras. Hay una juventud inquieta, reclaman pan, comida para los comedores. Estoy feliz de que se organicen, que no se hayan paralizado desde que me metieron presa, pero estoy triste porque se debe al aumento de la pobreza que haya cada vez más organizaciones sociales. Acá en Jujuy debe haber 29 o 30. Ya vivieron estos seis años nefastos. Desde el ministerio de Desarrollo vendían bolsones de comida en Alto Comedero a 3000 mil pesos y nadie lo denunció. Las organizaciones sociales iban a pedir comida y los sacaban a garrotazos.

-¿Cuál es su posición sobre quién debe administrar los planes sociales?

-El pueblo, no el Estado. Acá en Jujuy Morales tiene 82.000 ¿Dónde están? En algunos municipios dan planes para que la gente trabaje de lunes a viernes sin blanquearlos, sin obra social, ni jubilación ni nada, así es fácil tener empleados. Eso no es trabajo genuino. Y quién vive con esa plata, los 19.000 pesos del Potenciar Trabajo. Esto es lo que pasa cuando algunos gobernadores e intendentes se hacen cargo. Los punteros, además, les sacan parte de los planes, pero van y apuntan a las organizaciones sociales cuando son ellos los que aprietan. Nosotros jamás pedimos un peso ni para una cuota. Nosotros decimos, que se hagan rifas o empanadas. Que con eso se mantenga el comedor o la copa de leche. Estoy en contra de que les quiten los planes a las organizaciones. Acá en Jujuy te abren los merenderos ligados al gobierno unos meses antes de las elecciones. Si les molestan los comedores y merenderos de las organizaciones, que solucionen la pobreza. Resistimos, laburamos y ahora somos los malos.

-¿Teme que vuelva la derecha a nivel nacional?

-No le tengo miedo a la derecha porque siempre la combatí. La combatimos en Jujuy cuando se instaló el neoliberalismo en la Argentina. En los noventa aca sacamos a cuatro gobernadores. La diferencia es que ahora la derecha está más organizada y ataca con la justicia, con la policía, con la gendarmería y los medios de comunicación. Es peor, pero no hay que temerles, si ellos adoctrinan, hagámoslo nosotros, o la derecha avanza.

Recuerdos y deseos
Milagro Sala pasa de la risa al llanto con facilidad. Con esfuerzo, todo el tiempo trata de apostar a la risa. Hace bromas. «Mi papá decía que nos puede pasar todo lo malo, pero no podemos perder la alegría», recuerda. Miguel Sala era supervisor del Hospital de Niños. «La Flaca» muestra una foto que tiene cerca de la cama. Repasa su infancia como una etapa de comodidades: «Nos llevaban al colegio en auto, cuando cobraban mis padres íbamos a comer al El Chunquín». «Me fui de casa enojada con mis viejos, a los 16 años, después de oír una discusión entre mi mamá, Desideria, y mi tía. Yo en esa época iba al Polivalente de Arte. Estaba escuchando música con unos auriculares grandotes y me los saqué por curiosidad. Mi tía le decía en ese momento: ´Vos a la Mila le tenés que decir quién es su (verdadera) mamá’. De grande supe que mi verdadero padre era el hermano de mi madre. A mi madre biológica no la conocí», detalla. Todo esto lo cuenta para remarcar que conoció «la pobreza en aquel entonces, cuando me fui». «Fui a un hospital, luego mi abuela me dijo que viviera con ella. Desde entones vi que había chicos que dormían en la calle, la diferencia entre tener todo y no tener nada. Ahí me hice peronista», sonríe. «Me habían puesto Milagro porque mi mamá cuando se hizo cargo de mí tenía tres varones y había creído que ya no tendría hijas mujeres. No sabía lo que le esperaba», ríe más fuerte.

Sobre el final de la charla pide tres deseos: «Que en las próximas elecciones ganemos, que la derecha no avance; que en Jujuy logremos la unidad de los sectores y recuperemos la alegría y la paz social; pero mejor pongamos en primer lugar, recuperar la libertad llevar a mis hijos, mis nietos, y mi marido al campo, a un lugar donde íbamos mucho, a abrazar los árboles volver a estar en contacto con la naturaleza, que para mi es reencontrarme con los antepasados. Ir una tarde al río, a escuchar los sonidos y acariciar las piedras».

La intervención Judicial
La primera reacción después de la visita de Alberto Fernández a Milagro Sala durante su internación, fue judicial y política. A las palabras de Gerardo Morales, que le deseó una pronta recuperación para volver a una cárcel común –cuando sabe que la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo ha prohibido– se le sumó el envío de una notificación al sanatorio a través de una agente del servicio penitenciario, del cálculo de una condena absurda, en la causa «de las bombachas», que debería terminar de cumplir en junio de 2024. «Estaba dormida por los calmantes y apareció esta mujer, me zamarreó y me ordenó que firme. Le dije que no. A los gritos me levantó la frazada para ver que tuviera la pulsera electrónica. Sentí que lo hacía a propósito. Justo vino el médico de guardia y le dijo que le había costado mucho que yo estuviera un poco mejor y que debía respetar a todos los que estaban en la terapia. Fue lo mismo que con la policía que me pusieron al lado con el arma a la vista. ¿Te imaginás que se le escape un tiro ahí? Interrogaba hasta al personal de limpieza. ¿Cómo se llama? ¿Por qué está acá? ¿Por qué mira así?», relató la dirigente. «Fue horrible, una locura», dijo. Para peor, la notificación del juez de ejecución había sido recibida la noche anterior por su familia, y por su defensa antes todavía, por lo que ya estaba apelada.

–¿Ve factible la intervención del Poder Judicial de Jujuy?

–Hay que solucionar la cuestión con la justicia en Jujuy y lo tiene que hacer la Nación. No es justo que te tengan preso y encima te cagan la vida psicológicamente y de todas las maneras, a todos. Podrían empezar, como digo, por controlar los fondos.

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