Producción de acero crece 42% en marzo impulsada por energía y Vaca Muerta, pero persisten señales de fragilidad
La producción de acero crudo registró un crecimiento del 42,3% respecto de febrero y un incremento interanual del 17,1%, de acuerdo con datos difundidos por la Cámara Argentina del Acero (CAA).
Luego de varios meses consecutivos de retracción, la industria siderúrgica argentina mostró en marzo un rebote significativo que ofrece cierto alivio, aunque no logra disipar las dudas estructurales que enfrenta el sector. La producción de acero crudo registró un crecimiento del 42,3% respecto de febrero y un incremento interanual del 17,1%, de acuerdo con datos difundidos por la Cámara Argentina del Acero (CAA).
El repunte, sin embargo, se da en un contexto todavía complejo. La cadena de valor del acero continúa atravesando una etapa que el propio sector define como de “contracción crítica”, con una caída interanual superior al 10% y niveles de capacidad ociosa que alcanzan hasta el 60% en algunos segmentos.
Uno de los indicadores más elocuentes de esta dualidad se observa en los laminados en caliente: si bien crecieron un 72,2% en la comparación mensual, registraron una caída del 18,3% frente a marzo del año pasado, reflejando la debilidad de la demanda estructural.
Energía y agro, los motores
El principal sostén de la actividad continúa siendo el sector energético, particularmente el desarrollo de Vaca Muerta, junto con el agro y el transporte de cargas. La actividad en Oil & Gas mantiene un dinamismo destacado, con un crecimiento interanual superior al 30% en niveles de fractura.
Las obras vinculadas al transporte de crudo, como los proyectos de Oldelval y VMOS, avanzan a buen ritmo impulsadas por precios internacionales favorables. A esto se suma un factor adicional: el aumento en el precio de los combustibles desde marzo incentivó la conversión de vehículos a GNC, generando una demanda adicional de acero.
En paralelo, el sector de maquinaria agrícola también comienza a mostrar señales de recuperación, con un crecimiento acumulado del 5,3% en el primer trimestre de 2026, traccionado principalmente por la demanda de cosechadoras.
Importaciones y costos: el principal frente de conflicto
Pese a estos signos positivos, la industria enfrenta una presión creciente por el ingreso de acero importado, particularmente desde China. Desde el sector advierten que la competencia no es equitativa debido al fuerte respaldo estatal que reciben los productores asiáticos.
A esto se suma un esquema impositivo local complejo, distribuido entre nación, provincias y municipios, que eleva los costos y limita la capacidad de agregar valor en la producción nacional.
Construcción y automotriz, con desempeño dispar
Otros sectores clave muestran un comportamiento heterogéneo. La construcción evidenció en marzo una mejora puntual, con un aumento del 18,4% en el despacho de cemento respecto a febrero y una suba interanual del 11%, tras un mes previo particularmente débil. Sin embargo, la actividad sigue concentrada en obras privadas puntuales y no logra consolidar una recuperación sostenida.
En contraste, la industria automotriz atraviesa una situación paradójica: mientras las ventas crecen, la producción local cae debido al fuerte ingreso de vehículos importados, reduciendo la demanda de insumos siderúrgicos nacionales.
Perspectivas: condicionadas por el crédito y la demanda
Las expectativas para el resto del año dependen en gran medida de variables macroeconómicas. La recuperación del crédito, una eventual mejora en los ingresos y la reducción de las tasas de interés aparecen como factores clave para reactivar la demanda, especialmente en sectores vinculados al consumo.
En ese sentido, el regreso de esquemas de financiación en cuotas más largas podría ser determinante para impulsar la actividad en la segunda mitad de 2026.
No obstante, desde la industria advierten que sin políticas que fortalezcan la competitividad y contengan el avance de las importaciones, la recuperación podría ser transitoria. El desempeño del sector seguirá atado a la evolución del mercado interno y a su capacidad de sostener niveles de actividad en un entorno todavía incierto.



