Los orígenes de la tradición se pierden en el tiempo y se mezclan con un poco de religión y mucho de paganismo.

Las raíces de Halloween no están realmente en Estados Unidos, sino en Reino Unido. Su nombre proviene de una frase inglesa “All Hallows’ Eve”, lo que se traduciría como víspera de todos los santos.

La Iglesia católica instituyó como una de sus celebraciones el Día de todos los santos”, en honor de los que “gozan de la vida eterna en la presencia de Dios” y que no aparecen en santorales o no se conoce su nombre.

Hasta el siglo XVI, la noche previa a esta celebración se realizaba un servicio de vísperas y de ahí el nombre del festejo.

Los historiadores del siglo XVIII ya habían vinculado Halloween a un antiguo festival pagano: un ritual celta denominado Samhain que celebraba el fin de verano y la llegada de los días cortos y fríos del otoño. Samhain duraba tres días y comenzaba el 31 de octubre. Según algunos académicos, era un tributo al “Rey de los muertos”.

Estudios más recientes establecieron que las hogueras y una celebración de buenas cosechas eran también características del festejo pagano.

Pero esta teoría se basa en escasas evidencias y algunos historiadores han señalado que la celebración fue cambiando de región a región, de país en país y, entre muda y muda, alteró incluso su sentido.

En el siglo VIII, hubo un punto de inflexión: el papa Gregorio III cambió la fecha original del “Día de todos los santos” del 13 de mayo al 1 de noviembre. No está claro si el movimiento, que también hizo obligatoria la celebración religiosa para todos los católicos, fue un intento de “cristianizar” Samhain. Lo cierto es que esa movida unió ambas celebraciones y mezcló tradiciones paganas y cristianas.

La celebración del halloween que conocemos tomó forma entre 1500 y 1800. Las hogueras eran muy populares entonces: se usaban para quemar la paja (recordemos que Samhain celebraba el final de la temporada de cosecha), pero también como un ritual para “repeler” la brujería y las enfermedades.

Otra tradición eran los ejercicios de futurología y adivinación: la gente predecía el nombre de los futuros socios e incluso la fecha en la que morirían. Esos rituales de adivinación tomaron muchas formas diferentes.

Un repollo extraído del suelo podría dar pistas sobre el trabajo o la personalidad del futuro socio. También se “leían” las cáscaras de la nuez. La comida era un componente importante de las celebraciones y uno de los hábitos más característicos involucraba a los niños que iban de casa en casa cantando rimas o rezando por las almas de los muertos.

A cambio, obtenían pasteles que representaban la liberación de un alma del purgatorio.

Durante la Gran Hambruna (1845-49) en Irlanda, que en ese entonces formaba parte del Reino Unidode la Gran Bretaña e Irlanda, más de un millón de personas emigró a Estados Unidos. Se llevaron consigo su historia y tradiciones, y no es coincidencia que las primeras menciones de Halloween en territorio estadounidense aparecieran poco después de ese éxodo.

En un principio, la versión estadounidense era muy similar a la del campo británico. Pero hubo algunas adiciones cruciales, como la introducción de espantapájaros en las decoraciones: el maíz era un cultivo crucial en la agricultura estadounidense. Hubo otros, como la clásica frase de “trato o truco” de los niños o el uso de las calabazas (la tradición británica era tallar nabos).

De acuerdo con algunos historiadores, la celebración cobró auge después de la Segunda Guerra Mundial, cuando terminó el racionamiento de alimentos.

Hoy en día, Halloween es el día festivo no religioso más grande de Estados Unidos: de hecho, superó al Día de San Valentín y la Semana Santa como el período pico para las ventas de chocolate en 2010.

A lo largo de los años, se ha exportado a otros países, muchos de ellos en Latinoamérica.

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